"No hay rastro alguno de romanticismo ni de heroísmo en Los esclavos de la soledad', que retrata una guerra de resistencia en la que el principal enemigo no son el nazismo ni su barbarie, sino la mezquindad, la ruindad, la crueldad, el egoísmo, la cobardía... de los huéspedes de una vulgar pensión de Thames Lockdon: Rosamund Tea Rooms (...) La magnífica novela de Hamilton no retrata, pues, una Segunda Guerra Mundial al uso, pero sus páginas están preñadas de dolor, crudeza y amargura, los que destilan las sórdidas vidas echadas a perder". Estas líneas aparecen en un blog personal, donde compara esta lectura con la de algunas obras de Primo Levi.