n esta investigación sobre el arte romántico rural, popular y concejil no hay especialización ni academicismo ni pedantería, sino sólo voluntad de verdad, pasión por la belleza y la adhesión a lo sublime, cualidades del espíritu que se expresan en los monumentos románticos peninsulares de los siglos XI a XIII. El románico popular es concebido en toda su inmensa exuberancia de significados. Como arte de calidad (arquitectura, escultura y pintura sobre todo) y a la vez como expresión de las más sutiles controversias filosóficas y teológicas. Como cosmovisión civilizacional y brivante alegato político. Como expresión de religiosidad y figuración de la fiesta popular. Como afirmación de lo mejor de la alta cultura occidental y manifestación de la vida cotidiana del pueblo trabajador medieval. Como canto al amor más espiritual al mismo tiempo que desinhibida exhibición de lo sexual y lo escatológico. Como historia verdadera y por ello mismo útil referencia para nuestra desnortada sociedad el siglo XXI, esto es, como tiempo pasado y también tiempo futuro. Obra heterodoxa en su intención y transgresora en sus conclusiones es, en definitiva, un texto polémico, como casi todos los del autor, que estimulará la reflexión de calidad, el deseo de saber, el afinamiento de las facultades intelectivas y el debate creador.